QUERIDA VIDA MÍA. ALICE MUNRO.LUMEN. 336 PÁGINAS

By SONIA FIDES, November 4, 2013



Esta reseña participará en  Premios y libros 2013, para obtener información sobre dicho premio puedes pinchar sobre el enlace:  http://www.librosyliteratura.es/premios-libros-yliteratura-2013.html. O también acceder a través de la página web de  Libros y Literatura: http://www.librosyliteratura.es/



QUERIDA VIDA MÍA. ALICE MUNRO.LUMEN. 336 PÁGINAS




Sabe, Munro, como nadie hacer tomar conciencia a sus personajes de lo desconocidos que son para ellos mismos. Educarlos para que aprendan que hay cosas que sólo la vida conoce de nosotros, que en ningún espejo, por muy  plana que sea su superficie yace nuestra realidad, que los objetos en apariencia más inofensivos también esconden peligrosísimos ángulos muertos y que por mucho que no lo asumamos en nuestra cabeza hay muchos más espejismos que certezas. De eso hablan los personajes que forman las historias de Querida vida mía, este libro de cuentos imprescindible, en el que una vez más la autora canadiense deja claro que es y será la más grande y certera destructora de espejismos.  Para conseguirlo, Munro, lo muestra todo, cada uno de los pliegues tras los que pretende esconderse la realidad antes de lanzarse contra nosotros, pero al mismo tiempo la mantendrá entretenida para que al acabar de leer, pareciera que nada reseñable  hubiera ocurrido. Son los relatos de Munro, una clase de arena finísima, obtenida tras haber machacado los  triunfos y fracasos de sus protagonistas, que se cuela en las entrañas de la rutina para que el texto no pierda verosimilitud.  Un largo espóiler   en el que nos muestra cómo ha de crecer un ser humano.  Ningún personaje estará fuera de su lugar, todos sabrán a qué mundo emocional y laboral pertenecen y para ello, Munro, dominará como nadie las fieras inciertas que custodian a cada persona. Con esa exactitud de quien no tiene nada que perder amparada entre la palabra y la imaginación. Munro no busca el éxito de sus historias, sólo busca la recomposición del ser humano por medio de lo cotidiano, ella sabe que se puede soñar siempre y cuando el sueño se interrumpa en cuanto la realidad traspase la puerta de la casa que habiten los personajes. Aquí  las mujeres de Munro se vuelven cuerdas hasta la extenuación en cuanto que sus obligaciones les dirigen la palabra.
Espectacular también como indaga en los oficios de los hombres y mujeres de sus cuentos para crear una metáfora precisa que reduzca la simplicidad de los mismos,  tan simples a primera vista, sí, pero tan preciosistas bajo esa primera piel que convierte en única a la autora:

“No se reserva ¿sabes que muchos actores lo hacen? Los actores en particular. Fuera del escenario son muertos”

 Uno la imagina calculado los cuerpos de sus vástagos y suspirando de felicidad porque cada una de las frases conseguidas denota que ha nacido para la matemática literaria. Sobre las palabras escritas se nota la estimulación que la autora inflige  sobre lo mínimo para acceder a lo máximo. Cómo se fija en los detalles que destrozan el mundo, en esos pequeños movimientos que parecen no atraer ningún tipo de movimientos pero contra los que la conciencia deberá emplear la máxima fuerza si es que quiere repelerlos. En su sencillez y en su decencia literaria es donde descansa la desnuda brutalidad de sus historias:

“Peter decía que seguramente los católicos tenían una ventaja, porque podían cubrirse las espaldas hasta el momento antes de morir”

La culpa extendida y quieta sobre la vida de cualquiera. La normalidad después del sueño. Está claro que se puede soñar, pero eso sí, sin perder la identidad y la querencia que nos habilita como seres humanos. Todos sabemos que vivir implica ser culpable de algo.

“La ensalada de pollo había que revisarla bien, para quitarle los pedacitos de piel y cartílago.

Munro, sueña y contagia, pero no se olvida de que después de cada invención hay que regresar al orden y por eso no inventa historias inasibles sino pequeñas rarezas que actuaran como esos pequeños peces japoneses que limpian sin daño, pero con eficacia lo que le sobra a un hombre para no acabar aplastado por la rutina.

Una vez más, con Premio Nobel o sin él , Alice Munro ,la discreta ladrona de cuerpos, vuelve a ser imprescindible.


 Sonia Fides (Madrid, octubre de 2013)