NEREA CAMPOS: VERSOS, LUCIDEZ Y SORORIDAD.

By SONIA FIDES, September 22, 2018





Domesticar
I’ve already told you my best ideas Manuela (band)

Un aleteo de conciencia
o de aviso:
esta historia es repetida.
Ese detalle pordiosero de la desmemoria
con el que te divierto de nuevo
con el mismo piar.
La ventaja temporal que da decir
“el otro día” sabiendo las dos la verdad:
que lo que ocurre a diario es
lo realmente interesante.
Supurar el miedo como el líquen de la otitis.
Reto.
Esta mudanza
me revela
que éramos peces pensándose ciervos.
La timidez es carne
huella de las uñas clavadas en el brazo mientras intento darle
voz a la voz
todo lo que le puedo robar ahora es un fracaso para la rutina
Tan forastera no me eres
cuando saciamos a la bestia rozando los meñiques
Tan diferentes no nos somos
si ubicamos el nido en el corazón
de la otra.
Extraña no te soy
porque señalo la fiera fuera del círculo de fuego que la aleja
y juntas hemos creado una estela de
pequeñas casas por todas partes.

Nerea Campos es joven, pero no inexperta. Conoce el nombre de las cosas y las nombra sin pensar en la herida o en la cicatriz que va a dejar su memoria en otras memorias. Y para ello escoge la profundidad, los versos que desatan la raíz de cada mujer, de cada ser humano para construir un nudo que haga del plural un animal transgresor y reivindicativo que acabe con el miedo a los versos que la soledad amontona junto a la poeta. Campos conoce el alma como se conoce aquello que no existe si no es para salvarnos y lo plasma a través de imágenes que arrojan luz y arrojan sombras, que nos cuidan, pero por fortuna también nos dejan a la intemperie. Y se acuerda de las demás mujeres, aún en la diferencia, desde su poesía profunda, desde un discurso que nace de la lógica, de la razón práctica. El desdoblamiento verbal de su discurso no teme desmantelar el confesionario. Y no usa a las mujeres como espejo sino que usa partes de su carne para construirse, para que nunca seamos entre nosotras desconocidas por si el abismo llega. La joven poeta escribe versos que se atraviesan en la garganta como pedazos de carne cruda y que nos hablan de un  silencio de dos cabezas que dialogan entre sí como desconocidas de buenas intenciones  y hacen huir al silencio nocivo, el que construye el gueto, hasta convertir cualquier habitación en un hotel de cinco estrellas. Parece que moviese sus dedos una joven Virginia Wolf  alimentada por la lucidez, una joven que todavía desoye como sabe susurrar la locura cerca del oído de una mujer. No dejen de seguir a esta joven poeta porque conoce todos aquellos secretos capaces de salvarnos, porque nombra lo mínimo y lo hace grande como esa nube que salva de la muerte a alguien perdido en el desierto.