DANDI LENTO

By SONIA FIDES, August 31, 2017



DANDI LENTO

Zumban las avispas
y pájaros desconocidos
lanzan su saliva sobre las horas lentas.
Las flores están quietas, 
tan hermosas como inútiles, 
con la piel condenada a una muerte segura. 
Miro sus venideros cadáveres,
pero no siento pena, 
su cara es la de las mujeres libres,
la sombra de Sylvia o de Virginia.
Su deceso traerá la oscuridad
y podré apagar la velas
de mi tarta de cumpleaños
y pedir un deseo
como si aún pudiera creer
en las mentiras de Dios y de su hijo.
Enseguida todos se irán a dormir,
las fiestas son una de las caras más previsibles
de la rutina.
Veré como el silencio empuja sus cuerpos
con esa habilidad que tiene para no hacerse notar.
Después el frío se convertirá en una sorpresa
que querrá impedirme que me levante de la silla.
Pero yo seré como Lázaro
desafiando a su destino
y me situaré bajo el dintel de la puerta
de una de las habitaciones,
para certificar que la respiración
de sus habitantes será solo una  sombra
que el día se negará a reconocer.
Esta noche el cielo confesará muchas cosas
y lo escucharé
mientras los murciélagos también confiesan
que quieren mirar a los ojos de la muchachas
sin que al hacerlo su miedo
desgaste las calles que la luz natural
se esforzará por mostrar como superficies intactas.
La naturaleza sostendrá mi insomnio
—no es más que una madre
que se niega a entregar a su hija
a un hombre que no sabrá hacerla feliz—
y el mar seguirá siendo un desconocido,
el dandi lento cuya disciplina 
es el sueño de muchos hombres. 

Sonia Fides



 *La imagen de Tasya Van Ree